Los ingresos en las ciudades aumentarán entre un 8 y un 9 por ciento, en el campo sólo un 4 ó 5 por ciento
PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL
PEKÍN. Las demandas de democracia o libertad ya no amenazan al régimen comunista chino, sino las cada vez mayores desigualdades sociales que ha generado el crecimiento económico del país, especialmente pronunciadas entre las ciudades de la costa oriental y el mundo rural del atrasado interior.
La situación es tan peligrosa que el Gobierno reconoció ayer por primera vez que, en caso de que no se tomen medidas, estos desequilibrios económicos dispararán la inestabilidad social dentro de cinco años. Según publicaba el periódico oficial China Daily, así se desprende de un informe del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que ha catalogado los riesgos de una posible fractura social en cuatro colores: azul, verde, amarillo y rojo.
«La disparidad de ingresos se encuentra ahora en la zona amarilla, pero vamos a entrar en alerta roja después de 2010 si no hay soluciones efectivas», advierte el estudio, que admite que «hay pocas razones para ser optimistas a la hora de solventar la brecha entre salarios urbanos y rurales».
No en vano, los ingresos en las ciudades aumentarán este año entre un 8 y un 9 por ciento, para sobrepasar los 10.000 yuanes (1.008 euros). Mientras tanto, el incremento en el campo será sólo del 4 ó 5 por ciento con respecto a 2004, cuando dichos ingresos se situaron en 2.936 yuanes (296 euros) para todo el ejercicio.
Por ese motivo, la desigualdad en el ámbito rural se halla cerca de la alerta roja, como ha quedado patente este verano por la proliferación de revueltas populares en el campo. Desde principios de junio, una decena de multitudinarias protestas han acabado en violentos enfrentamientos con la Policía.
Incidentes con muertos
Los altercados más graves acaecieron en la provincia de Hebei, donde seis personas murieron y otras 48 resultaron heridas en una lucha por la tierra que tuvo lugar en Shengyou. Desde abril, los habitantes de esta localidad se oponían a que una empresa estatal expropiara sus fincas para construir una central eléctrica y un almacén de residuos de carbón. Como medida de presión, los granjeros ocuparon los terrenos comprados por la compañía, donde montaron un campamento que fue asaltado por matones contratados por la propia firma.
Los abusos de poder también afloraron el 29 de junio en Chizhou, en la provincia de Anhui. Ese día, miles de personas intentaron asaltar la comisaría de Policía después de un accidente de tráfico en el que un ciclista fue golpeado por los cuatro ocupantes de un coche. Al parecer, éstos se ensañaron con su víctima porque les había rayado la chapa del automóvil con su bicicleta. Pero lo que sublevó a la muchedumbre fue el hecho de que el dueño del vehículo fuera un miembro del Gobierno local o del Partido Comunista.
Para evitar estos sucesos, que el año pasado ascendieron a 74.000, Pekín se ha dotado de un cuerpo antidisturbios de elite que, en unidades de 500 policías, se desplegará por 36 ciudades.